Amores Perros «una perspectiva semiológica»

Amores Perros «una perspectiva semiológica»

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Chivo: No hables mal de mi perro porque, cómo decirte, si no te maté es gracias a él. 



Luis: ¿Quién te pagó para matarme?
Chivo: ¿No adivinas?
Luis: No.
Chivo: Qué tal si te dijera que es la chava que te coges casi todos los días en el Hotel Florencia.
Luis: ¿Martha? No, ella no puede ser.
Chivo: Tienes razón, ella no, me pagó tu esposa.
Luis: ¿Ella sabe lo de Martha?
Chivo: No sé, ¿sabe?
Chivo: No, hombre, tampoco fue ella.
Luis: ¿El esposo de Martha?
Chivo: ¿Ah, está casada?
Ya ves Brother, como ves hay un chingo de gente te quiere matar.
Chivo: ¿Me creerás que no sé cómo se llama mi perro? Me lo encontré en la calle. ¿Tú cómo le pondrías?
Luis: Solovino.
Chivo: Qué original cabrón, qué original. ¿Mejor qué te parece si le ponemos...Gustavo?
Luis: ¿Gustavo?
Chivo: ¿Conoces algún Gustavo?
Luis: Mi hermano se llama Gustavo.










Esta fascinante película dirigida por Alejandro González Iñarritu y escrita por Guillermo Arriaga cuenta una de las escenas que más me han fascinado y que hoy recuerdo con agrado y retomo para platicar de ella bajo una perspectiva semiológica.

Y es que —el Chivo, era un hombre desarraigado, marginado de la sociedad, un hombre negligente consigo mismo, poco cuida de su imagen, vive desaliñado, con ropa sucia, con ropa rota, anda de vago y roba, mata por dinero a más personas.

El Chivo era un tipo apegado a una idea, en contra del mundo, no lo aceptaba, se rebelaba y eso lo llevó a sacrificar sus vínculos de amor más importantes, los hizo menos por un proyecto de violencia y perdió lo que más amaba, a su hija, a su esposa, a su familia.



Se quedó solo.

Quien no está dando amor, lo está pidiendo.

El Chivo, a pesar de ser un mercenario, un sicario, poseía vínculos de relación afectiva con sus mascotas, sus animales, los perros que eran suyos, que le acompañaban a todas partes.

Esos perros no lo juzgan, al tanto hasta lo cuidan, le dan compañía, le dan afecto, saben recibir su afecto y en consecuencia dejan que el Chivo produzca ese afecto que quiere al cuidarles. El Chivo se proyecta en su necesidad de dar amor, pero lo hace con los animales, con los perros.

Un día, el Chivo presencia un choque de autos, un accidente donde dos jóvenes salen tremendamente heridos, y uno hasta pierde la vida en el momento. El Chivo se acerca a ayudarles pero les roba el dinero, y les roba de alguna manera hasta el perro, que tiene intenciones buenas de ayudar a curar y sanar.




El Chivo no sabe que este perro venía de una pelea y que se dedicaba a matar a otros perros por dinero para su amo. El Chivo cuida de este perro accidentado; un perro que tuvo una historia en el pasado donde su antiguo amo le llamaba “coffee”.

Para el Chivo, este perro era uno bueno que estaba rescatando, y lo rescató con afecto, cariño y cuidado.

Un día, al regresar a casa, el perro negro que rescató el Chivo en aquel accidente, ya se había recuperado y en cuanto pudo asesinó a todos los perros de la casa.

El Chivo de pronto perdió los únicos vínculos de afecto que tenía, sus amigos: Flor, Frijol,—sus animales amados fueron asesinados por el perro que rescató. El Chivo, enojado sacó su arma y apuntó al perro para castigarlo por lo que había hecho, aunque el Chivo también se dedicaba a matar a personas por dinero. ¿No eran iguales? El perro no sabía lo que hacía, simplemente hizo lo que aprendió a hacer por instinto, pero no goza de una conciencia auto reflexiva, no sabe que es un animal ni que lo que ha hecho está mal por un significado que él pueda concebir en su saber, simplemente es un animal y responde instintivamente ante los estímulos externos.







El ser humano, por su parte, tiene conciencia auto reflexiva, sabe que es, sabe que existe y que está existiendo, sabe que sabe, sabe que es parte del universo. Debería saber que es universo. 

El ser humano está en el universo y el universo está en él y el universo sabe que existe a partir de esa conciencia auto reflexiva que sabe que está en el universo, que es parte de una mente de la mentalidad total, y que están hipostasiados uno en el otro, que nada está separado, que todo forma parte del todo, que somos una parte individuada del todo. El ser humano puede percibir al mundo, al universo y saber que eso lo está impactando en su mente, puede percibir esa doble función, percibir al mundo y percibir cómo ese mundo lo está impactando y cómo él impacta al mundo, percibe la comunicación total.



Pero el Chivo no se da cuenta. Ha sido muy silvestre, tanto como el perro, que matan por dinero y no se dan cuenta de lo que hacen y a quien lo hacen y qué tanto eso repercute en el destino.

El perro negro ha matado los vínculos afectivos del Chivo y este enojado grita y le reprende diciendo «¡eso no se hace cabrón, eso no se hace hijo de puta!», matar está mal, no debes matar.

Ah!, de pronto ocurre una epifanía, un momento de redención. El Chivo se ha auto observado, se ha contemplado en el espejo que le ha mostrado el perro «tú también has hecho esto y para ti no ha estado mal».

El Chivo perdona al perro.

Para quienes supimos de la historia del perro comprendimos un aforismo fundamental, el perro no era culpable de nada, su dueño lo usó para matar a otros perros, esa fue su historia, no sabía ni lo que hacía, simplemente respondía ante sus instintos.

Comprendemos aquí un aforismo central «todos tenemos las más profundas razones para ser quienes somos y para hacer lo que hacemos».

El Chivo tampoco llega a juzgar al perro que hace lo que él también ha hecho. El momento de redención detiene ya sus intenciones de matar, y no busca más ser intermediario a cumplir por dinero, matar a sus semejantes. Repara al final, no cumplir la voluntad de quien le contrató matar a un semejante, dejando el arma entre dos hermanos que se buscan matar por venganza.

El Chivo despierta. Deja de ser negligente consigo mismo. Se vuelve a bañar, a lavar el cuerpo, se rasura, se asea, se viste con ropa nueva y digna y se pone lentes para volver a ver bien la realidad. Porque el Chivo, a pesar de necesitar lentes, no los usaba, prefería ver el mundo borroso porque decía que así lo quería Dios, y si Dios quería que él viera mal pues veía mal. Culpando a Dios, el Chivo no reparaba en que la divinidad ausente que veía en el mundo era porque también así había significado tal ausencia en su mundo interior.

El Chivo, ahora limpio de cuerpo, vestido con dignidad, va y pide perdón a su hija y se perdona así mismo. Continúa viviendo, continúa su viaje, continúa existiendo.

Comprendemos otro aforismo central, que el perdón radical es amor incondicional, que perdonar a todo y a todos todo el tiempo es fundamental porque todos tienen las más profundas razones para ser quienes son y para hacer lo que hacen.

El mundo silvestre se equivoca, continuamente, pero ocurren las epifanías, incluso en el momento más inesperado, ante el espejo más inusual, todo el tiempo el universo nos está hablando, y muchos llegan a despertar a tiempo, porque nunca es tarde y siempre hay esperanza.



Todos somos instrumentos de una conciencia mayor, y vamos en el viaje juntos y queremos trascender juntos y lograremos ese cometido más rápido cuando nos ayudemos unos a otros a despertar de forma consciente.

Por eso creo que el mensaje de hoy es fundamental. 

—Erick Xavier Huerta





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